Qué ambientazo se notaba ya en nuestro hotel, en Berga. Que está a 25
minutos de Bagà. 6 de la mañana y el comedor lleno de trailrunners a punto de
empezar una gran aventura. Fruta, tostadas con mermelada, unos cereales, un
cafetito y al coche. Yo ya había preparado mi material el día antes y lo hice
con mucha calma y repasándolo varias veces. Estaba claro que iba a hacer mal
tiempo y que podían ser hasta 24 horas bajo ese cielo amenazador. Había que
estar preparado para solucionar problemas. Material de seguridad, barritas, geles y sobretodo mucha ropa técnica,
toda la que pude meter pues sabía que me tendría que cambiar varias veces.
Alberto, Tito y yo
salimos sobre las 7:45 hacia Bagà donde nos encontraríamos con Pablo. Teníamos
pensado hacer toda la carrera juntos (en la medida de lo posible) y todo
empezaba allí, en el pabellón de deportes de Bagà. Allí encontramos a Pablo,
que había dormido en su furgoneta. La noche antes tenía pinta de estar pillando
una galipandria pero se le veía de maravilla antes de la carrera. Pablo lleva
unas cuantas carreras de montaña en sus piernas. Ir con él iba a ser todo un
reto. Alberto y Tito también estaban bien. Lo que más nos preocupaba a todos
eran los pies de Alberto que estaban algo delicados las semanas anteriores,
pero está claro que Tania hizo bien su trabajo porque parecían estar en
perfectas condiciones.
Hechos todos los
trámites necesarios para empezar, nos dirigimos a la línea de salida. Hasta
allí pudimos disfrutar del ambientazo en Bagà. La gente estaba volcada con la
carrera.
Qué decir de la
salida de la ut cavalls del vent. La había visto tantas veces en youtube… y
ahora estaba allí, dentro de esa vorágine de corredores-aventureros. 1020
personas con los santos huevos de enfrentarse a 84 km de montaña con 6000
metros de desnivel positivo, a sabiendas de que iba a hacer un tiempo infernal.
La energía que transmite eso sólo lo sabemos los que estuvimos allí.
9:00 y dan el
pistoletazo de salida!!!Empezamos a avanzar y al poco rato podemos ver que mi
hermano y Pablito estaban animándonos en primera fila. Aproveché y fui hacia
ellos, cogí con fuerza a uno de los dos, no sé a quien, para chuparle la
energía cual vampiro… vamos, que les di un abrazo que me fue de maravilla para
afrontar los primeros metros de desnivel. El hecho de que estuvieran allí fue
espectacular!!
Y allí estábamos,
corriendo hacia arriba por Bagà, los cuatro, con una sonrisa de oreja a oreja disfrutando
de los pocos metros suaves que nos íbamos a encontrar. Pablo y Tito arrancaron
fuerte, como siempre hacen. Yo siempre tardo más en arrancar y Alberto estaba
siendo calculador con sus pies. Así que él y yo nos quedamos rezagados y una
vez entramos en el bosque estuvimos atrapados entre el grueso de participantes
hasta llegar al Rebost. La subida al Rebost son unos 6km con 1000 metros de
desnivel que acaban en una pequeña bajada. En esa bajada, mucho más abierta que
la subida hasta entonces ,fue en el único momento donde Alberto y yo pudimos
apretar y ganar posiciones. Momentos antes oíamos a corredores decir que no
íbamos a llegar a tiempo al primer control por culpa de ese atasco, así que
quizá ese apretón fue providencial. Una vez en el Rebost comí algo de melón
(que a pesar de no entusiasmarme me supo a gloria) bebí cocacola y me llevé
unos trozos de plátano para el camino hasta el Niu de l‘Àliga. Salir del Rebost
y mirar hacia arriba daba miedo, pero a medida que avanzábamos nos veíamos más
y más rodeados de espectadores animando. Quiero decir, y para que se me
entienda bien, gente en la montaña, lloviendo, que habían subido allí para
animar a los corredores y que lo hacían a todos como si fueran el mismo Kilian Jornet.
¡¡Espectacular!!
Creo que nunca en
mi vida olvidaré esta subida y estoy seguro de que a todos los que la subimos
nos pasará lo mismo. Todo el mundo salió sabiendo que se iba a mojar, lo que no
sabíamos era que íbamos a pasar ese frío tan intenso. Cuando subes al Niu de
l’Àliga hay un tramo en el que hay vegetación , más o menos a medio camino
(desde el Rebost), a unos 2000 metros de altitud desaparecen los árboles y
comienzas a andar por roca. Ese tramo es antipático en cuanto al terreno pero
muy bonito en cuanto a las vistas. Lo malo es que no había visibilidad. A
medida que subías había todavía menos y
el frío era más intenso. El agua te daba con más fuerza. Yo estaba
absolutamente empapado y tirando todo lo rápido que podía para mantenerme
caliente. Así que hubo un momento en el que perdí a Alberto, que no andaba muy
lejos. Pero como no se veía nada y no quería pararme por miedo a enfriarme,
seguí adelante disfrutando del típico subidón de adrenalina que siempre hace
acto de presencia en un momento dado. Ayer me dio en ese momento. Así era que,
en cuanto la cuesta me dio un respiro, arranqué a correr a un ritmo bastante
fuerte. Pero de repente y para mi sorpresa los cuádriceps empezaron a quejarse
con unos buenos calambrazos. Sólo podía ser por el frío, pues tenía las piernas
en muy buen estado. Así que tuve que encontrar un ritmo al que no me congelara
y al mismo tiempo no se me subieran los cuádriceps. En ese momento empecé a
pasarlo mal. No encontraba el punto medio y estaba pasando muchísimo frío. El
agua cada vez me golpeaba con más fuerza y cada vez veía a menos metros de
distancia. Por suerte todavía éramos muchos corredores y era imposible
perderse. Lo cierto es que la mayor parte del rato sólo miraba el suelo,
buscando el lugar menos encharcado para dar los pasos a pesar de tener ya
totalmente caladas las zapatillas, los calcetines y todo lo demás. Y mientras,
pensaba en la ropa seca que tenía en la mochila. Solo hacía falta llegar al
refugio, rencontrarme con Tito y Pablo, esperar dos minutos a Alberto mientras
me cambiaba y comía algo y salir rápidamente, antes de enfriarme. Sigo hacia
delante a un buen ritmo pero los calambres no cesan. El frío es infernal y me
doy cuenta de que ni el chubasquero soporta semejante festival de agua. De
repente pienso “si el agua cala hasta el chubasquero, mi ropa de repuesto
también habrá pillado cacho…”… oh mierda!!! Pensaba que lo había preparado todo
a la perfección pero, si puse mi móvil dentro de una bolsita zip ¿por qué coño
no hice lo mismo con la ropa? Siempre que se me ocurren cosas así intento
pensar que es positivo porque aprendo una lección, pero en ese momento sólo pensaba en que me
encontraba a 2400 metros de altura totalmente mojado y que iba a seguir siendo
así hasta el maldito final!!!… Y esos
putos calambres… Pero, detrás de una
niebla intensa y toda esa agua cayendo aparece un pasillo hecho con banderas de
salomon y a 15 metros el Niu de l´Àliga. Ya había llegado, pero no veía a
nadie. Evidentemente habían improvisado el punto de control en el interior.
Entré y me encontré con un montón de participantes en una sala sin luz,
bebiendo caldo frío y tiritando. La gente estaba totalmente calada. Muchos
haciendo uso de sus mantas térmicas. Seguí entrando y me encontré con Tito y
Pablo. Ambos estaban bien y dispuestos a seguir. Yo sólo quería comprobar el
estado de mi ropa, cambiarme a ser posible y estirar los cuádriceps. Una vez
hecho esto y habiendo llegado Alberto estaba dispuesto a continuar pero todos los resultados eran negativos: mi
ropa de repuesto efectivamente estaba calada, mis cuádriceps estaban en un
calambre constante (nunca me había pasado, que impresión!!) y Alberto llegó con
las manos muy hinchadas por el frío. La lluvia sonaba en el tejado con mucha
fuerza. Mientras Alberto y yo nos intentábamos recuperar decidimos que era una
buena idea que si Tito y Pablo podían ir tirando lo hicieran. Ya los
cogeríamos. Pero al poco de salir volvieron a entrar y dijeron que era
imposible. Así que entramos al refugio que estaba tocando con el punto de
control y allí pudimos disfrutar de un ambiente menos hostil. Habían encendido
un fuego alrededor del cual la gente
secaba su ropa. Allí colgué un pantaloncito muy fino que se secaría rápido y me
puse una camiseta que no estaba totalmente mojada. Poco después aparecieron varios
responsables de la carrera dándonos la mala noticia, era imposible continuar
por la ruta establecida y había que abandonar la carrera en ese punto. También
nos dijeron que tendríamos que bajar por nuestros medios hasta la Molina que
era el lugar más cercano donde podían venirnos a buscar los autocares. Así que
una vez me puse mi pantaloncito de verano y mi camiseta “no totalmente
mojada” salimos con uno de los grupos
hacia un descenso que no estaría nada mal. Seguía lloviendo y ya se habían
creado pequeños torrentes que continuamente había que ir saltando. En un minuto
estaba tan o más mojado que antes, además ahora llevaba menos ropa pero ya no
me importaba mucho, en poco rato estaríamos en un autocar charlando con los
demás corredores sobre lo decepcionante que es preparar algo con tanta ilusión
para acabarlo así.
En fin, aprender
habremos aprendido mucho, pero toda esa ilusión que teníamos, y todas las horas
y esfuerzo invertidos (por no hablar de la pasta jeje) se fueron al traste por
culpa del tiempo, que se cebó a base de bien. Y pensar que mientras escribo
esto hace un sol que te cagas…
Después del
descenso y un interminable rato en el autocar, pudimos ducharnos y ver llegar a
Kilian Jornet y a Anton Kupricka. Alucino con esta gente, son de otro planeta.
También son pura inspiración para muchos. Este deporte es fantástico: montaña,
aventura, resistencia, fuerza mental… apto para yonkis de las sensaciones puras.
Espero que el cuerpo me respete y así poder seguir practicándolo mucho tiempo. Ojalá
pronto encontremos un reto de este tamaño y pueda explicar lo que se siente al
acabarlo, hasta entonces, a mantenerse en forma y a alimentarse bien. ¡¡¡Saludos!!!
Publicado por Dani, Alberto y Tito.
¡¡Felicidades por la crónica!! ¡¡Está genial!!!


